
Recorridos
por las aguas mansas del Río Duratón, rodeado de impresionantes
paredes de hasta cien metros, escuchando con deleite el murmullo del silencio.
Embarcarse en una de sus piraguas en grupos reducidos, siempre acompañados
por un monitor que explicará paso a paso cada historia del trayecto,
puede ser una auténtica aventura de tres horas.
Reunión
de aventureros en la plaza de Sebulcor, hasta que estemos todos nos vamos
conociendo y el monitor asignado a cada grupo nos va comentando y ampliando
las dudas que aún nos pudieran quedar, las piraguas son de una
plaza o de dos plazas, normalmente se emplean las de dos plazas. Podemos
llevar alguna mochila o bolsa no muy grande, con un bocata, botella de
agua (casi imprescindible en meses de verano) o bota de vino, o alguna
toalla por si nos apetece darnos un baño. Las piraguas llevan integradas
una caja estanca donde podremos guardar estos objetos.
Una vez reunido
el grupo nos dirigimos a las piraguas, previamente el monitor nos reúne
a todos los componentes del grupo y en diez minutos nos da unas lecciones
teóricas básicas de manejo de la piragua, nos dan el chaleco
y el remo y nos bajamos a montarnos en la piragua.
Una vez aclimatados al nuevo medio y después de comprobar la estabilidad
de estas embarcaciones y su fácil y agradecido manejo nos dejamos
llevar por el monitor, escuchando el murmullo del agua y observando los
colores, las sombras, las paredes, la vegetación y el vuelo de
los buitres, quizás alguna nidada con sus polluelos.
Recorremos lentamente el cauce sinuoso parándonos a indicación
del monitor para ampliarnos la información del paraje que observamos,
su historia, sus leyendas.
Descansamos en un arenal bajándonos de las piraguas, nos podemos
bañar, reponer fuerzas, etc ...
Continuamos la aventura, siempre arropados por el monitor disfrutando
del entorno.
Y al final ¿por qué no un buen asado...?
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